Con Máximo García Ruiz no nos conocemos, pero creo que así es mejor (para él). Y como no nos conocemos, estamos seguros de que no tenemos compromisos para ponernos de acuerdo en lo que escribimos ni tampoco para oponernos deliberadamente en juegos editoriales.
Con Máximo casi nunca estamos de acuerdo, por ejemplo, en los progresos que deberían hacer las teologías. Y nunca (sin casi) cuando a veces él menciona las teologías de "América Latina" (La famosa "AL") como si fuera un bloque donde se practica una fe sistemática, o como si fuese la fe de una América sola y o como si esa América sola ya estuviese definida en que quiere algo y no quiere algo, que lo quiere por sí o por no, que no matiza ni tiene exponentes de búsquedas, que es fundamentalista o liberal (así estancadamente y en polos) o que crece con libertad garantizada únicamente cuando el círculo de liberacionistas se reúne en congresos en un país de por aquí.
Bien, a pesar de que en esos casos Máximo hace una des-significativa apreciación de lo que es la enorme variedad de cultura teológica y eclesial aquí, cultura teológica:
expresada,
mutilada,
gritada,
acallada,
formalizada,
informal
popular
impopular
muerta
resucitada
desinstitucionalizada,
libre (sin necesidad de asociaciones con logotipo que la abarquen)
en desarrollo
en retroceso
negra
roja
verde
amarilla
pero en permanente cambio
a pesar de todo, digo, hallo con él muchas coincidencias, incluso placer literario (agradezco a quienes teniendo el talento se ocupan de no enterrarlo)
Hace poco, leí un artículo suyo en el cual, esta vez y por inexplicable conexión, pareciera que vivimos lo mismo en tiempos diferentes. Él hace una referencia especial a los pastores, pero como entiendo que los pastores no salen de la nada, sino del pueblo creyente o del pueblo crédulo o del pueblo descreído, creo que este artículo suyo es una ducha de agua fría que nos conviene tomar y que nos conviene más de lo que pensamos.
Algunos comentaristas pensaron que uno anda en busca de la iglesia "perfecta" y del pastor "perfecto", pero quejarse con ese argumento es un tópico, un lugar común envejecido y torpe. Nadie, ni Máximo ni cualquiera con dos dedos de frente puede creer que lo que se busca es una perfección celestial inalcanzable. Sencillamente eso que se enumera allí no es el nivel más alto de perfección, sino justamente el mínimo de madurez.
Dejo aquí un párrafo del mismo, pero creo que debería quedar completo como un artículo de lectura permanente, y regresar con frecuencia a cada uno de sus puntos, a modo de consulta y de ayuda a memoria.
"Y ahora, dando por supuesto lo anterior, constatamos:
- Que ese pastor considera que, puesto que es Dios quien le ha llamado, solamente a él debe rendir cuentas y que la iglesia no tiene derecho a fiscalizar cómo emplea su tiempo o a que tareas dedica sus energías; que han de ser los diáconos u otros miembros los que deben ocuparse de los enfermos, de los ausentes o de los quebrantados; que no tiene un programa de trabajo ni unos objetivos para la iglesia;
- Que se ausenta de la iglesia y abandona sus funciones sin rendir cuentas a nadie;
- Que ocupa una buena parte de su tiempo en el deporte o en aficiones personales;
- Que, desoyendo las demandas de los diáconos u otros líderes, se niega a establecer un proyecto de iglesia, un programa de trabajo, unos retos a alcanzar;
- Que ni tiene formación teológica, ni la busca, ni la desea y, aún más, hace alardes de despreciarla;
- Que no cuida la predicación, antes bien, ocupa el púlpito para dirimir cuestiones personales, atacar posturas contrarias a su ideología o desprestigiar subrepticiamente a algunos miembros que mantienen una actitud expectante y, tal vez, crítica;
- Que cambia las formas de gobierno a su antojo, sin buscar el consenso de la iglesia que pastorea;
- Que, procedente en muchos casos de otras corrientes eclesiales o de otros países y culturas, menosprecia todo lo que no conoce ni entiende, y se refugia y rodea de personas que le son absolutamente fieles, para ningunear de esta forma a los líderes naturales y manipular a su antojo a la iglesia;
- Que siendo la iglesia históricamente plural en su ideología, tolerante y receptiva a la reflexión teológica, trata de arrastrarla ideológicamente a posturas fundamentalistas, despreciando y desoyendo las quejas y recomendaciones de los miembros y dirigentes de la congregación.
Suponiendo lo uno y dando por supuesto lo otro ¿qué debe hacer esa iglesia?, ¿cuál debería ser su reacción?"
Completo, aquí
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